BARRICK GOLD CRIMINAL GENOCIDA.
EL ALARIDO EN LLAMAS POR GOBERNADORES CONNIVENTES.
Cuando Graciela Araya chasqueó el encendedor sobre su cuerpo empapado de nafta, no era una excluida. Era un mosaico desprivilegiado de un Estado que implica, como base constitutiva, la inequidad. Un monstruo multicéfalo, el Leviatán de Hobbes, que no desecha al estado de naturaleza fuera de las fronteras de su originario pacto social sino que sostiene su esencia en la médula de la violencia y la desigualdad.
Sólo soñaba una casa. Una casita. Con mesa y mantel y una cena tranquila después del arduo peregrinar pirquinero. Del derrotero penoso del colador cotidiano que a veces retiene la arenilla dorada. Y es una fiesta la migaja caída de la gran boca de la Barrick que quiere devorarse las entrañas del Famatina. Del cerro dorado que pone los pies para que la gente sin tierra le arrime sus chapas. Una casita. Nada más. Donde descansar los huesos y oír respirar a los niños como un duenderío de las madrugadas.
El pacto que encarna ese Estado donde ella no era una excluida es, dice Alessandro Baratta, “un pacto entre una minoría de iguales que excluyó de la ciudadanía a todos los que eran diferentes. Un pacto de propietarios, blancos, hombres y adultos para excluir y dominar a individuos pertenecientes a otras etnias, mujeres, pobres y, sobre todo, niños”. Y en la segunda pata de este pacto desigual dominante – dominado entrañó a las gracielas arayas de los arrabales del mundo. Puestas a ocupar el vértice de la historia donde se talan los sueños y se bajan las persianas del amanecer.
Cuando chasqueó el encendedor sobre su cuerpo empapado de nafta era una silente, una invisible, una desterrada. Con su propio fuego se hizo ver. Brilló de pronto, como el oro que aparece muy de vez en vez en la rejilla.
Vivía con su familia en un campamento minero, con módulos de chapa. Ella y su marido tienen la espalda arqueada y se les clava el destino como una faca en la cintura. Viven de juntar el oro que se lleva el río. A veces los días y las noches desfilan como fantasmas envelados, desvelados, sin que el barro descuelgue un brillo mínimo en el torrente.
Ella soñó con una casa. Una casita breve, con bloques encimados, puerta y ventana como para asomar a las lluvias persistentes del verano. No más que eso. El intendente se la prometió una vez. Pero hay memorias tenues. Y planes definidos que la necesitan a Graciela Araya sin techo y en el borde para subsistir en su estructura destinada al sustento de los privilegiados. Que no es sin el descarte de los otros. Sin la desigualdad sistemática y sistémica. Sin la violencia intrínseca del despojo y la literal del castigo.
Cansada de esperar, harta de espiar por la mirilla los actos oficiales, con el desasosiego del no tácito, ni siquiera pronunciado, Graciela Araya se paró delante del palco donde el intendente de Famatina festejaba el aniversario del pueblo entregando viviendas. Buscó los ojos del intendente, quiso que la viera, deseó conectarle la tenue memoria. Pero vio la chapa de sus paredes sin ventana donde asomar a su puesta del sol pirquinera. Y pisó su suelo doméstico de tierra y piedras que se humedece a la noche cuando tiene que acalorar el catarro de sus niños a fuerza de pecho y nanas.
Cuando chasqueó el encendedor sobre su cuerpo empapado de nafta supo que ésa era su rebelión. Su pequeña y anónima revolución. El fuego y el olor de su ropa y de su carne quemada escandalizaron la fiesta social y el cumpleaños selectivo.
Su incendio público fue su insurrección personal. Pero también el grito extemporáneo de los silentes y los confinados. El alarido en llamas de los nadie.
LA DRAMATICA DECISION.
En relación a aquella jornada en que Graciela decidió extremar su reclamo por falta de entrega de la vivienda prometida, Caliva confesó: “Creo que (Graciela) no lo tenía planeado. Me decía que se iba a encadenar si no le daban una vivienda”. A lo que él le respondió: “¿Cómo no te van a dar una vivienda?, mirá donde vivís. Sí te van a dar”, trató de contenerla, convencido de que todo tendría un final satisfactorio.
Ya habían pasado 7 años desde que se reinscribieron en la Administración de Vivienda y Urbanismo; aunque “desde el ‘90” –dijo- estaban anotados en la capital.
Comentó que minutos previos a que comenzara el acto central en Famatina, su mujer ya se mostraba alterada al saber que había quedado fuera de la entrega de llaves.
Cuando se descuidó, Graciela “ya estaba discutiendo con gente de Vivienda” y con el intendente Ismael Bordagaray. El Jefe Comunal le habría respondido que no tenía que “entregar la casa a cualquiera”, lo que ofuscó aún más a la mujer, sabiendo que tiempo atrás se le había prometido una solución a la precaria condición habitacional que atravesaban.
“Aquí está la orden de la señora diputada (sic) Tere Madera a (Carlos) Crovara que me la tendrían que dar”, había exclamado la manifestante, sin lograr una respuesta concreta al pedido.
A ello, se sumó que le acercaron versiones “que le dieron una casa al hijo del titular de Vivienda de Famatina, en nombre de la nuera”, de apellido Rearte, añadió el Caliva.
Paralelamente, ya habían comenzado los discursos y el intendente expresaba desde el palco: “Estamos entregando (viviendas) a la gente que más necesita”, indicó.
Sin control, Graciela le advierte a su marido: “me voy a cruzar y le voy a pegar una pedrada”. José creyó que sólo se trataba de una falsa amenaza.
Fue entonces cuando “se cruza para el frente y le empieza a gritar al intendente: ¿Por qué no me quisiste entregar la vivienda? Yo te voy a cumplir con lo que dije, le gritó; y en eso, giró el bolso con una rapidez, se sacó la botella (de combustible) y se roció”, relató.
Tiempo después, Graciela le dijo a su marido: “No era así, yo lo quería asustar. Yo no me iba a prender fuego”.
NORUEGA.
Noruega viene de dar al mundo una bella leccion de responsabilidad ética poniendo en la lista negra la minera canadiense Barrick gold, basada en toronto. Despues de una innvestigacion en la mina Porgera, en Papuasie Nueva Guinea, el gobierno noruego decidio de excluir Barrick, primera compania aurifera a la escala mundial, de sus fondos de inversiones del estado, repochandole de tener actividades, en terminos muy claros a la minera, “ que comportan un riesgo inaceptable de danos mayores e irreversibles al medio ambiente”
El fondo soberano – de un valor de 300 mil millones de dolares US lo que constituye uno de los mas importantes inverionistas internacionales- constituye el calcetin de lana de los cinco millones de ciudadanos noruegos. Estos fondos, para las generaciones futuras, salen de los excedentes de la explotacion del petroleo y del gas natural del mar del norte lo que hace de Noruega un gran pais exportador. Esta dotado de un Consejo de etica que sus investigaciones han conducido a su gobierno a vender sus acciones que poseia en 27 empresas extranjeras, en las cuales habian 9 fabricantes de bombas de racimo (la noretamericana Textron fue la ultima que tuvo ese corte).
Tambie han cortado lazos con las compania culpables de violaciones a los derechos humanos y los derechos de los trabajadores.
El valor de las acciones de Barrick que poseia el estado noruego era de alrededor de 200 millones US. Los motivos presentados por el consejo de etica para deshacerse son muy certeros (puntudos, fuertes, etc). : se dice partuclarmente preocupada por “la acumulacionde metales pesados, sobre todo mercurio en el medio ambiente”. La contaminacion emitida en porgera “tendra potencialmente consecuencias negativas graves sobre la vida humana y la salud”. El consejo critica “la falta de apertura y de transparencia de la empresa en materia de ecvaluacion ambiental” y dice tener “todas las razones de creer” que Barrick no cambiara nada de sus practica. Indica haber debido, falta de medios, limitar su investigacion en Porgera pero senala que Barrick, que tiene 27 minas en operacion en el mundo, ha sido objeto de criticas en varios paises por su poca preocupacion por el desarrollo sostenible.
En efecto. La ONG Mining Watch Canada tiene mucho que decir sobre este tema. Barrick es tambien, la empresa que persigue por seis millones de dolares a los autores del ensayo quebequense titulado “Negro Canada” una obra que denuncia directamente la conducta de las mineras canadienses en Africa. A los reproches bien documentados que le hace el gobierno noruego, Barrick reacciono con su impenitencia habitual.
El problema, es que la politica de Oslo es un caso de especie (o un ejemplo) en materia de ética. En todas partes, incluso en Canada donde tiene sus sedes sociales un gran numero de direcciones de companias mineras, la
tendencia pesada de nuestros gobiernos no es la coercision o el castigo, es la adopcion de timidos principios no apremiantes (de aprieto). Entonces ineficaces. El mundo andaria mucho mejor si se diera la pena de ser un poco mas noruego.
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