EVO MORALES.
APU MALLKU Y LIDER DE LA CLASE MEDIA.
Hace cuatro años, en el templo del Sol del Tiwanaku, Evo Morales asumió la conducción de los pueblos bolivianos originarios, como Apu Mallku (jefe supremo).
Esa ceremonia volvió a repetirse, pero esta vez su liderazgo va más allá.
Evo ostenta también su condición de líder de la clase media, la que con su voto lo ayudó a arrinconar a la oposición de tal forma que goza de todo el escenario político para realizar los desafíos que se le presentan.
Después de pasar mejor que otros países lo más difícil de la crisis internacional, con reservas acumuladas por 8.5 mil millones de dólares, a Morales se le presenta ahora no sólo la oportunidad de cumplir con el prometido desarrollo del país, sino también la espinosa tarea de crear todo el cuadro institucional para el Estado Plurinacional que nació con la nueva Constitución.
Morales supo hasta aquí transformarse en el presidente más popular desde Víctor Paz Estenssoro —el emergente de la Revolución de 1952—, porque supo capitalizar la desaparición de los partidos tradicionales desde una estructura, la de Movimiento al Socialismo (MAS), que siempre se había erigido en alternativa.
“La gente siente que por primera vez tiene a un presidente que es uno de ellos, lo que ayuda mucho a su gestión y consecuentemente a su popularidad”, asegura el antropólogo Félix Patzi.
Una vez en el poder, fue ese envión político que el MAS logró a lo largo de la década de los 90 —con batallas contra la erradicación de la hoja y la denominada “guerra del agua” cuando Evo surgió a la luz pública—, con el que el presidente fue articulando la presión sobre los partidos de la oposición.
Aunado a la buena administración económica (con una política monetaria tan ortodoxa) y el crecimiento de la distribución de la renta, que ayudó a mejorar sensiblemente los estándares de vida, la oposición ayudó sin querer a Evo a construir su hegemonía al cometer todos los errores posibles.
“Ahora hay que ver cómo administra esa hegemonía.
Ya dijo el presidente que buscará fondos externos para dinamizar la economía, pero eso no se ve por el momento”.
Las peleas internas en el MAS y en las agrupaciones aliados (como el último enfrentamiento entre el vicepresidente Alvaro García Linera y el prefecto de La Paz, Juan del Granado), así como la necesidad de construir nuevas instituciones, pueden traerle más de un dolor de cabeza a Morales en este segundo período.
Nadie termina de vislumbrar cómo terminará siendo la transición entre la República y el Estado Plurinacional, con dos aparatos de Justicia, por ejemplo.
En materia económica y social, el presidente prometió inversiones en el sector de hidrocarburos y en el minero por más de 10 mil millones de dólares, lo que lo obligará a algunas reformas económicas, si quiere que los capitales externos comiencen a fluir.
Uno de los secretos de lo que pueda pasar en este segundo mandato está en saber “cuán pragmático pueden llegar a ser el presidente y quienes lo acompañan”.
Margen político le sobra a Evo, al igual que poder con mayoría en las dos cámaras.
Refundar Bolivia sobre esos nuevos parámetros, al tiempo que construye nuevas instituciones, debería ser un plan ambicioso pero posible en la actual coyuntura.
Evo Morales ha demostrado que sabe enfrentar con sagacidad a sus opositores y que puede negociar cuando está a punto de arder —fruto de sus años de líder sindical.
Sólo falta comprobar si es tan diligente y tan hábil para gobernar acorde a las expectativas que despertó, no ya sólo con los atributos del Apu Mallku” sino con la suma del poder.
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1224605
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