CHAVEZ BUEN ESTRATEGA
DE LA AMENAZA A LA REALIDAD
En Colombia se viene hablando desde hace años de la urgencia de diversificar las exportaciones, pero los resultados son desalentadores. Ahora que Chávez está pasando de las amenazas a los hechos, más de 3.000 empresarios están en la encrucijada porque dependen de los clientes venezolanos. ¿Qué hacer?
Cuando el presidente de la junta directiva de Analdex, Ronald Bakalarz, le ofreció al Gobierno el respaldo del gremio para acabar con las ‘amenazas’ y el ‘chantaje económico’ del presidente venezolano Hugo Chávez, durante el Congreso Nacional de Exportadores, centenares de empresarios que dependen del comercio binacional quedaron con los pelos de punta.
Y no era para menos: Bakalarz sentenció que como iban las cosas, “el mercado de Venezuela se va a perder” y aseguró que “los empresarios colombianos deseamos continuar haciendo negocios con nuestros hermanos venezolanos, pero no a cualquier precio”.
De inmediato, las llamadas a la presidenta de la Cámara de Comercio de Integración Colombo Venezolana, Magdalena Pardo, quien tiene afiliados de todos los tamaños y de los más variados sectores, se volvieron incesantes. Avicultores, que crearon sus empresas hace 10 y 15 años en la edad de oro del intercambio, productores de lácteos, dueños de frigoríficos y hasta fabricantes de confites del Valle, percibieron como nunca antes que sus negocios estaban abocados a su fin.
A Jorge Enrique Bedoya, presidente de Fenavi, le sucedió lo mismo. “Los pollos y los huevos que exportamos a Venezuela no se los podemos vender de un día a otro a Argentina o a Brasil”, le precisaron varios de sus afiliados, quienes, a pesar de las restricciones al comercio impuestas por Chávez, confían aún en la posibilidad de una salida diplomática.
Quienes así piensan tienen varios argumentos: no es la primera vez que el intercambio resulta afectado por fricciones diplomáticas, a Venezuela no le queda fácil sustituir intempestivamente las importaciones desde Colombia –sobre todo de alimentos–, existen relaciones fuertes entre industriales, que van más allá de los conflictos coyunturales, y no todos los empresarios de América Latina y del mundo están dispuestos a hacer negocios con un país tan inestable económica y políticamente.
Argentina, aliado de Venezuela al que acudió Chávez para reemplazar la oferta de bienes y servicios colombianos, tiene dos inconvenientes insalvables. A raíz del sesgo antiexportador institucionalizado en los últimos años para controlar los precios internos, ha provocado una caída en la producción de alimentos.
Pero además –explica el ex ministro de Economía, Domingo Cavallo– habría que crear una red logística que tardaría años, lo cual implicaría elevados precios al cliente. “Es decir, los sobrecostos los pagarían los consumidores, que de por sí están afectados con una inflación superior al 30%.
Brasil tiene una implacable barrera natural: la selva. El transporte debe hacerse por barco (cabotaje) o por avión, con fletes que podrían duplicar a los que se pagan desde Colombia. De nuevo, se configura un impacto en materia de precios, que políticamente juega en contra de la administración Chávez.
“Algo que no se ha tenido en cuenta es que no todos los empresarios están dispuestos a que les paguen cuando un gobierno quiera y someterlos a amenazas y condicionamientos”, afirmó el ex canciller Augusto Ramírez Ocampo.
¿Sólo amenazas?
Pero ese escenario habrá que contrastarlo con la realidad presente. La gran preocupación de los empresarios, sobre todo de quienes tienen una alta dependencia del mercado venezolano, es que de la amenaza se pasó a los hechos. En solo julio pasado, las exportaciones al vecino país cayeron 29% y aunque no existen cifras consolidadas a agosto, los estimativos son desalentadores, pues la frontera ha permanecido prácticamente cerrada. “Desde julio no se ha exportado un solo kilo de carne al otro lado de la frontera”, afirma Jaime Giraldo, gerente de Friogán, una organización de Frigoríficos Ganaderos de Colombia, que tiene como principal destino a Caracas y toda sus zonas de influencia.
En el 2008, las ventas de carne en canal se situaron en algo más de US$1.000 millones, incluyendo las realizadas por Camaguey y otros frigoríficos que basaron sus inversiones en el potencial de consumo de Venezuela, que en los últimos 10 años pasó de 16 a 23 kilos per cápita. De ese total, 7 kilos son suministrados por Colombia. Hasta abril, las exportaciones iban en US$754 millones, lo que suponía una dinámica extraordinaria para el presente año.
Los laboratorios farmacéuticos –en especial los nacionales– y los fabricantes de lácteos, así como las fábricas de confecciones, también se encuentran en el dilema de aguantar la caña hasta ver si el conflicto diplomático entre los dos países finaliza rápido o reducen sus volúmenes de producción. En departamentos como Valle, Cundinamarca y Antioquia, y la zona del Eje Cafetero, existen centenares de empresas en dificultades, según reconoció Magdalena Pardo. Se estima que el intercambio mutuo genera 500.000 empleos entre directos e indirectos.
“Por ello, el asunto hay que manejarlo con diplomacia”, dice quien luego del pronunciamiento de Bakalarz envío una carta al presidente de Analdex, Javier Díaz Molina, en la que precisó los alcances de una eventual ruptura total de las relaciones comerciales.
El gran dilema
¿Qué tanto están dispuestos los empresarios colombianos a sacrificar sus ventas y que tanto se pueden ver afectados con un endurecimiento de las medidas del vecino país? Aunque Chávez anuncia cada cierto tiempo que cerrará las fronteras y sustituirá las importaciones, los industriales de ambos países están convencidos de que no se llegarán a medidas extremas y que el comercio seguirá adelante, así se resienta en los próximos meses.
El año pasado, Colombia le exportó bienes y servicios a Venezuela por una suma récord de US$6.092 millones. Para este año, las ventas, en el peor de los casos, descenderán 25%, con lo cual llegarían a US$4.500 millones, según cálculos de la Cámara de Comercio Colombo-Venezolana, una cifra que, a pesar de todo, sería casi el doble de lo que le vendimos en el 2006.
Un análisis de la Asociación Bancaria es más pesimista y señala que el costo del cierre del mercado venezolano para las materias primas y para otros productos colombianos será considerable a partir del 2010, pues se calcula entre US$2.000 millones y US$3.000 millones.
Ventas concentradas
El vecino país es el segundo destino para las exportaciones nacionales (el 17% de las ventas totales) y, además, adquiere el 33,5% de los productos no tradicionales. De hecho, el 65% de las empresas que le venden a Venezuela son pymes; un cierre de este mercado las golpearía fuertemente y para muchas podría significar su fin (ver tabulado).
La mayor proporción de exportaciones a Venezuela son productos industriales y las relacionadas con alimentos y bebidas, artículos de cuero, calzado, textiles y confecciones, vehículos, entre otros. Éstas dos últimas son las que más han registrado caídas en sus ventas (80% en el caso de vehículos y 61% en confecciones).
Aunque nadie discute la necesidad de buscar nuevos mercados y de llegar a ellos con productos más innovadores y competitivos, para dejar de depender tanto de la exportación de bienes primarios como petróleo o carbón, conquistar nuevas tierras es un proceso largo, que no se hace de un año a otro. Para ver qué tan concentrados están los exportadores colombianos, basta observar las cifras del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo y de Proexport. De las cerca de 11.061 empresas que venden en el exterior, el 61% exporta a un solo mercado, mientras que tan solo el 14% vende a dos países.
De ahí que una de las principales recomendaciones de la presidenta de la Cámara Colombo Venezolana es que los empresarios no se pueden dar por vencidos. “Deben mantener su presencia en este mercado a como dé lugar”, precisa. Por ello, muchos industriales se resisten a abandonar a sus clientes, así tengan que asumir un costo elevado. Algunos, si no la gran mayoría, están haciendo transacciones comerciales con el dólar paralelo o de permuta, tres veces más caro que el oficial –está en 6,50 bolívares, mientras que el oficial está en 2,15–. Otros exportadores se están asociando con empresarios venezolanos, y otros luchan a diario con una inflación galopante, que ronda el 30% anual y que lleva no solo a que la demanda interna se deprima, sino a perder competitividad. PODER dialogó con representantes de varios sectores productivos para conocer cómo están enfrentando los problemas comerciales con el vecino país.
Se frenaron las ventas
Uno de los sectores que más se está resintiendo es el cárnico, en el que Colombia estaba muy bien posicionada.
Jaime Giraldo, gerente de Friogán, señala que en los últimos meses tuvieron que despedir a 215 personas de una planta de más de 900 trabajadores en los cinco frigoríficos que tienen en el país.
“Las ventas a Venezuela se paralizaron a partir de julio porque no hay licencias y no hay divisas. De un sacrificio mensual de 40.000 reses, un poco más de la mitad, alrededor de 21.000, se destinaban al mercado venezolano en canal o empacada al vacío; pero ahora prácticamente están cerradas las ventas”, dice Giraldo, quien aseguró que el frigorífico más afectado es el de Cúcuta, donde de 160 reses sacrificadas mensualmente hoy apenas se sacrifican 12.
Lo más grave, según el empresario, es que debido a que la carne tiene precio controlado en Venezuela está entrando ganado de contrabando a Colombia, lo que está abaratando los precios. En torno a la búsqueda de otros mercados asegura que lo están intentando. Esperan que Rusia les abra las puertas, así como Israel, Chile y México. “Pero esto no ocurre de manera inmediata”, anota.
De seguir como están las cosas, el sector ganadero será uno de los más afectados por la crisis política y diplomática con Venezuela.
Luchando con la inflación
Alpina, una de las compañías líderes de Colombia en el sector de alimentos, ha tenido que sortear otra clase de problemas con el vecino país. Por contar con una planta propia en esta nación, debe enfrentarse a los obstáculos que viven permanentemente los empresarios locales.
Así lo señala su presidente, Julián Jaramillo, quien sostiene que si bien el acceso restringido a las divisas y la falta de abastecimiento de insumos son problemas complejos, lo es más la alta inflación –alrededor del 30% anual, la más alta de América Latina– que le resta competitividad a la empresa y deprime la demanda interna.
Es muy poco lo que exportan hacia ese mercado, ya que en su gran mayoría se autoabastece con la producción de la planta.
Jaramillo dice que, por el contrario, con el mercado ecuatoriano la situación es muy favorable, puesto que las ventas han crecido en más de un 20%. Allí, la compañía es vista como si fuera otra firma local y es líder en el segmento de bebidas.
“Vendemos, pero más caro”
Hay un grupo de empresarios que sigue vendiendo activamente al vecino país, aunque ha tenido que asumir un costo mayor porque todas las operaciones las está haciendo con dólar paralelo o permuta. En este sector está la compañía de blindaje Armor Internacional.
Juan Manuel Barriga, su gerente general, señala que tienen desde hace cuatro años un distribuidor en Venezuela por medio del cual proveen los paquetes de blindaje, cuya demanda está en crecimiento debido a los altos niveles de inseguridad y violencia en las principales ciudades, especialmente en Caracas.
Las operaciones las realizan con dólar paralelo, lo que se traduce en un encarecimiento de los productos. Sin embargo, afirma el directivo, las ventas para este mercado han crecido en un 25%. “La dependencia de los dos países es muy alta, razón por la cual no creo que se vaya a cerrar totalmente el comercio”, asegura.
Se cayeron las ventas
El presidente de la compañía de calzado Stanton y quien es además presidente de la junta directiva de Analdex, Ronald Bakalarz, indicó que aún siguen exportando hacia ese mercado; pero las ventas han caído en un 80%. Por eso, la estrategia puesta en marcha es buscar nuevos mercados y diversificarse. En ese sentido, dice que están fortaleciendo las ventas a Perú, Chile, México y EE.UU., país al que regresarán después de un tiempo de haber estado por fuera.
Insiste en que ante las continuas amenazas del presidente Hugo Chávez, relacionadas con que está dispuesto a frenar el comercio con Colombia, los empresarios nacionales y el Gobierno deben buscar instrumentos para promover las ventas al exterior o desarrollar nuevos productos para llegar a nuevos mercados.
“Debemos ser más imaginativos. Sin menospreciar la labor que se ha hecho hasta el momento, no podemos continuar únicamente con métodos tradicionales de fomento, como ruedas de negocios o financiar viajes de empresarios al exterior. Tenemos que ser más agresivos”.
Cierre del mercado
Una de las cientos de pequeñas empresas que le venden a Venezuela decidió cerrar ese mercado y dedicarse más a exportar a otras naciones.
Ese es el caso de la empresa antioqueña Safety Smart Wear, cuya actividad es el diseño y confección de ropa deportiva para ciclistas, patinadores y triatletas, con telas inteligentes y de alta tecnología.
Su gerente, Adriana Mejía, sostiene que exportaron hasta que se lo permitieron las condiciones económicas y resolvieron dejarlo de hacer cuando comenzaron a presentarse retrasos en los pagos. Ahora, el objetivo es ser más agresivos en mercados como EE.UU., Canadá y Reino Unido.
“Sabemos que en Venezuela hay interés en nuestro producto; pero si los proveedores quieren adquirirlos, tendrían que desplazarse hasta la zona de frontera o que paguen de manera anticipada”, dice Mejía, quien recibió el premio Nacional de Exportadores que otorga Analdex en la modalidad “labor de exportación-Expopyme”.
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