ARGENTINA SIN IDENTIDAD (Parte I)
EL “MILAGRO ALEMÁN”
El 7 de Mayo de 1945 Alemania se rindió incondicionalmente. Hitler se había suicidado el 30 de Abril y se formó un gobierno provisorio presidido por el Almirante Doenitz quien trató de organizar la última resistencia contra el avance del ejército rojo y mantener un cierto orden en la población aterrorizada y sufriente.
No le fue posible. La cadena de mandos estaba rota, los servicios públicos habían dejado de prestarse, las comunicaciones estaban cortadas; el país en ruinas y sumido en el caos. Los aliados occidentales habían penetrado profundamente en el territorio pero se detuvieron para dar tiempo a que los soviéticos ocuparan Berlín y la zona que se les había otorgado en el inicuo Tratado de Yalta que dividió Alemania en cuatro zonas y decidió la amputación de una cuarta parte de su territorio.
Aproximadamente 2.250.000 alemanes murieron en la espantosa guerra, con el consentimiento del pueblo, engañado por las mentiras de Hitler y por los falsos líderes que lo ayudaron a llegar al poder, entre ellos el católico e influyente Von Papen, los industriales ricos, muchos militares y hasta el propio Partido católico del Centro (“Zentrum Partei”) conducido por un Obispo.
La industria, modelo de tecnología y eficiencia, había sido semidestruida por los bombardeos y luego de la rendición, meticulosamente desmantelada por los vencedores. Un gobierno militar de ocupación se estableció en cada una de las cuatro zonas.
Los alemanes perdieron la totalidad de sus derechos políticos. Sin embargo, hubo muchos que no se desalentaron y que hicieron todo lo posible para reconstruir la Nación, política y materialmente. El más destacado de ellos fue Konrad Adenauer, el primer jefe de gobierno después de la catástrofe nacional. Vale la pena recordar algunos aspectos de la vida de este hombre que parecía de hierro, no por su dureza con los demás sino por la constancia de sus propósitos patrióticos y la inquebrantable firmeza con que defendió sus principios.
Nació en 1876, en el seno de una familia católica, pobre, digna, trabajadora y con aquella sabiduría popular que es la mayor riqueza de las naciones. Se recibió de abogado, fue Alcalde de Colonia desde 1917 hasta 1933 en que fue destituido por Hitler, quien lo encarceló dos veces y lo mantuvo bajo permanente vigilancia y hostilidad. Antes de la 2da. guerra había sido un destacado miembro del antiguo Partido del Centro (“Zentrum Partei”) que combatió valientemente contra la dictadura de Bizmarck, aunque luego se desprestigió completamente al cooperar con Hitler -no Adenauer personalmente- cuando éste pidió al Reichstag la suma del poder público. Después de la 2da. guerra, el partido había prácticamente desaparecido.
En 1945 Adenauer tenía 69 años. Su vida política parecía terminada, pero no se daba por vencido. A pedido del comando inglés, desde Marzo de 1945 actuó como Alcalde “ad hoc” de Colonia con el propósito de aliviar la terrible situación de sus conciudadanos. De las 59.000 casas que había en la ciudad antes de la guerra, 30.000 habían sido totalmente destruidas y el resto, seriamente dañadas. Los sobrevivientes carecían de alimentos, de habitación, de atención médica, de comunicaciones; los puentes estaban destruidos, los caminos cubiertos de escombros e intransitables, es decir, faltaban las cosas más elementales de la vida material. Trabajó sin descanso para atender a todos pero, de pronto, los mismos ingleses que lo habían convocado, lo exoneraron por “ineficiente” y le prohibieron actuar en política, sin decir que había sido por orden del nuevo gobierno laborista de Inglaterra dispuesto a sabotear al conservador católico Adenauer y a favorecer al Partido Socialista.
Adenauer no se arredró. Se dedicó en su casa a redactar las bases y a planear la organización de un nuevo partido, el demócrata cristiano (CDU). Sus entrevistas políticas las mantenía fuera de la zona ocupada por los ingleses, dentro de la cual le estaba prohibido hacerlo. No tenía automóvil, los caminos estaban casi intransitables, era dificil encontrar lugares para pasar la noche. Sin embargo, Adenauer, casi con 70 años, recorrió Alemania en busca de los antiguos dirigentes del “Zentrum Partei” y de otros voluntarios para nuclearlos en el nuevo partido.
En Febrero de 1946 convocó a una reunión de los primeros miembros del partido en un Convento de monjas, cedido generosamente por ellas para el encuentro. Era un duro invierno y las condiciones para hacer política eran totalmente adversas. Los ejércitos vencedores gobernaban el país con mano de hierro y miraban con una total desconfianza todo intento de reorganizar un Estado alemán. Sin embargo, al convento de Neheim-Hüsten, en Westfalia, 27 patriotas llegaron como pudieron, a pie, en bicicleta, “a dedo” o en trenes de carga. Tenían diferentes ideas sobre algunos asuntos políticos, pero lo que “todos tenían en común era su apasionada decisión de conducir a su país fuera del estado caótico en que se encontraba”. (“Konrad Adenauer”, Paul Weymar, pag. 192).
Al cabo de las deliberaciones se aprobó un “Programa Inmediato”, redactado por Adenauer y se le otorgaron a éste “amplios poderes para conducir la política del nuevo partido” (pag. 195, ibidem).
Adenauer jamás hubiera podido hacer nada de todo lo que hizo por Alemania si no hubiera existido en sus conciudadanos aquella “apasionada decisión de conducir a su país fuera del estado caótico en que se encontraba”. Y, por otra parte, estos poco hubieran podido hacer si no hubiera sido por el inteligente liderazgo de Adenauer, generosamente aceptado por todos. Tal vez Alemania entera hubiera caído en manos del partido socialista y del comunismo, dueño ya de una cuarta parte de lo que restaba del país.
Adenauer dijo en 1946: “Durante los años del nacional-socialismo el pueblo alemán se portó de tal manera que lo desprecié. Pero desde 1945 he aprendido a sentir algún renovado respeto por mi pueblo”. (ibidem, pag. 197) Palabras fuertes que no son las de un demagogo. Que las haya podido decir y aún así ser electo jefe de gobierno en 1949 es una prueba de que realmente el pueblo alemán era digno de ese renovado respeto.
El nuevo partido empezó a actuar con escasísimas posibilidades de acción, bajo la lápida que constituían los poderes absolutos que se reservaban los países vencedores, ejercido por medio de los jefes militares y, para peor, con la desleal, estúpida y feroz oposición de la izquierda.
Al contrario de quienes pretendían capitalizar el nacionalismo alemán adoptando actitudes de ruptura, Adenauer sostenía que no había que desperdiciar ninguna ocasión que ofrecieran los vencedores para hacer algo y siguió imperturbablemente esa política que dió extraordinarios frutos para su Patria. Empezó por integrar un Consejo Asesor Zonal bajo el jefe inglés y poco a poco fue “amansando” a los militares hasta que consiguió que se permitiera la convocatoria de una Convención Constituyente que aprobó la Carta Magna de la República Federal de Alemania, a pesar de los desplantes de los socialistas (convertidos curiosamente en campeones del nacionalismo), de las exigencias de los vencedores y de las mil dificultades que nacían de la diversidad de criterios.
En las primeras elecciones realizadas, a pesar de que las encuestas daban como vencedor al Partido Socialista con un 70% de los votos y al CDU perdedor con el 30%, el resultado fue muy diferente. EL CDU obtuvo más votos que el socialismo y mayor número de diputados en el Parlamento. A causa de esa victoria, Adenauer encabezó el primer gobierno alemán de post-guerra a los 73 años de edad. Condujo el país durante 14 años y logró recuperar la economía, la libertad y la soberanía alemanas.
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