KIRCHNERISMO SE AGRIETA (Parte III)
EL FACTOR BIPOLAR
Cristina Kirchner
Los especialistas debaten si puede gobernar con un trastorno psiquiátrico. Ciclotimia y ausencias prolongadas. Cómo se controla.
Kirchner siempre les pregunta a los colaboradores que nota desanimados: “¿Vos te deprimís? No hay que deprimirse. Yo trato de estar lo más lejos que puedo de la depresión y de la euforia…”.
A su mujer, Cristina Fernández, flamante candidata oficializada a la Presidencia, hace mucho que no se lo dice. Ella es distinta. Y él se acostumbró a sus pozos anímicos, sus raptos de alegría y sus momentos de irritación, como los de los días previos a la confirmación definitiva de su lanzamiento, cuando las dudas que generaba esa movida –y los funcionarios y asesores que se animaban a plantearlas– la hacían estallar de indignación a la senadora.
Hoy no les dirige la palabra.
En noviembre pasado, NOTICIAS reveló que ese comportamiento habitual de Cristina tenía una explicación.
Según fuentes muy cercanas a la Primera Dama, incluido uno de los psiquiatras que la ha tratado, ella sufriría de trastorno bipolar, antes llamado psicosis maníaco depresiva.

Es una enfermedad que combina picos de euforia con otros de depresión, que afecta a entre tres y cuatro de cada cien personas y que se estabiliza con tratamiento psiquiátrico y una adecuada medicación: la droga más antigua es el litio y a eso se suman dos sustancias químicas como el divalproato y la lamotrigina, a las que los especialistas llaman “estabilizadores del ánimo”.
Según el psiquiatra de Cristina, que pidió reserva de su nombre, el caso de la senadora sería leve y estaría bien controlado.
Los Kirchner se quedan BIPOLARES, SOLOS
La ruptura de Carlos Reutemann con el kirchnerismo ha acelerado la desbandada en el oficialismo. La marcha de Reutemann es el último golpe al proyecto de Néstor Kirchner de formar una coalición que abarque a peronistas, radicales y progresistas en apoyo a Cristina Kirchner.
Según cuenta el diario Clarín, la salida de Carlos Reutemann y Roxana Latorre del Frente Para la Victoria en el Senado ha provocado que otros legisladores se planteen imitarle: María José Bongiorno estudia dejar el bloque la semana que viene. Todo indica que también se irán también Juan Carlos Romero y Sonia Escudero, así como otros tres diputados.
Por su parte, Carlos Reutemann ratificó que su renuncia al bloque oficialista del Senado fue por sus diferencias con la política agropecuaria del Gobierno de Cristina Kirchner y no por querer ser candidato presidencial: “Mi salida no tiene nada que ver con la candidatura. El conflicto [con el sector rural] sigue acentuándose”. El ex gobernador de Santa Fe explicó que “Si uno está en un bloque con una posición distinta de la del resto de los compañeros, llega un momento en que la relación no es aceitada”.
Desde que asumió Cristina Kirchner las disidencias en el bloque kirchnerista se han ido produciendo hasta enterrar la aspiración de Néstor Kirchner de crear un gran movimiento transversal que incluyera al peronismo y a partidos y fuerzas no peronistas pero aliadas del kirchnerismo.
La primera ruptura fue la del vicepresidente Julio Cobos tras votar en contra de la ley de retenciones en julio de 2008 y provocar la derrota del gobierno de Cristina Kirchner. Allí nació el cobismo que atrajo a muchos de los conocidos como radicales k, que apoyaron a Néstor Kirchner y se aliaron con Cristina Kirchner en las elecciones de 2007. Los pesos pesados del radicalismo k siguieron a Cobos y rompieron con el kircherismo: entre éstos destacan los gobernadores Arturo Colombi de Corrientes y Eduardo Brizuela del Moral, de Catamarca.
En noviembre de 2008, el peronista Felipe Solá se desvinculó del bloque oficialista en la Cámara de Diputados, y pasó a convertirse en una de las figuras del arco opositor. Solá, exgobernador de la provincia de Buenos Aires entre 2002 y 2007, sostuvo que “no se puede decir que sí a todo” lo que diga el Poder Ejecutivo y remarcó que en la Argentina existe hoy “el temor político”.
En diciembre de 2008, el diputado Miguel Bonasso confirmó su alejamiento de la línea oficialista y anunció un interbloque integrado por Vilma Ibarra, Victoria Donda y Paula Merchán. Bonasso afirmó que “en política las relaciones personales cuentan poco, lo que cuenta es si el poder escucha o no”. Y desencantado expresó: “Desgraciadamente hoy Kirchner sólo confía en su propio juicio”.
La Presidente se juntó con Pichetto para frenar la sangría
Busca premiar a algunos legisladores con los puestos de los senadores salientes.
A última hora, en una reunión entre la presidenta Cristina Kirchner y el titular del bloque de senadores oficialistas, Miguel Pichetto en Casa de Gobierno, se avanzó en la definición de los nombres que ocuparán los cargos que dejaron vacantes con sus renuncias Carlos Reutemann, Juan Carlos Romero y Sonia Escudero. Y también, los principales lineamientos para frenar la sangría en la bancada oficialistas, a días de la sesión preparatoria –prevista para el viernes– en la que deben renovarse las autoridades de la Cámara alta.
Aunque en la Rosada aseguraron que después de la hora de charla no se fijaron pautas definitivas, se supo que el tema excluyente fue resolver quién ocupará la estratégica vicepresidencia que dejará Juan Carlos Romero tras su renuncia al bloque K y la presidencia de la Comisión de Relaciones Exteriores. En la danza de nombres crecían las chances para que el pampeano Rubén Marin se quede con el cargo que dejó el salteño. Lo empujan tanto Pichetto como el influyente senador santacruceño Nicolás Fernández, de llegada directa a los Kirchner.
Lo que buscaría el Gobierno es enviarle una señal a los senadores que -salvo algunaos que rechazaron la resolución 125–, se mantienen incondicionales. En diálogo con Clarín, Marín negó haber recibido hasta ahora un ofrecimiento, pero alimentó especulaciones elogiando la gestión actual. Asimismo, marcó distancia de los díscolos: “Yo soy peronista, tengo muy buena relación con los Kirchner y estoy donde tengo que estar. La verdad, lamento mucho lo del Lole y lo de Romero”.
Apuntando a uno de los principales reclamos que hay sobre la conducción del bloque, Marín dijo sentir “plena libertad, en un bloque donde se puede optar en disidencia”. Y recordó: “Yo voté en contra de las retenciones móviles y sigo estando ahí y muy bien”.
El otro cargo que debe cubrirse, el de Relaciones Exteriores, quedaría en manos de Daniel Filmus. Sin embargo, esto no estaba cerrado ni tampoco el reemplazante de Escudero en Seguridad Interior, que le adelantó a Pichetto su renuncia. Para ese puesto hay perfil definido: mujer y abogada.
Para Pichetto, la renuncia de Romero “no hace más que sincerar una actitud personal asumida desde que se votaron las retenciones móviles”. Y el senador Nicolás Fernández le dijo a Clarín que “se fueron senadores que lo único que hicieron fue votar en contra”.
Desde el Gobierno, el ministro del Interior, Florencio Randazzo, dijo no estar “sorprendido” por la renuncia de Romero y lo acusó de pensar “solamente en su proyecto personal”. El secretario de la Presidencia, Oscar Parrilli, opinó que “se va uno que nunca estuvo”.
Por otro lado, el seno del bloque K se ilusionaba con el cese de la sangría de legisladores, tras las cuatro deserciones. Y un confidente de Néstor Kirchner aseguró que uno de los “dudosos”, el misionero Luis Viana, le garantizó que “no evaluaba bajo ningún aspecto dejar el bloque”. Ayer fue imposible comunicarse con el senador.
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