LA ARGENTINA NO TIENE EL GOBIERNO QUE SE MERECE
SE MERECE UNO MUCHO PEOR
Bregar inútilmente, por una Argentina católica o al menos, por una Argentina en la que se pueda vivir con Justicia, respeto y libertad, es imposible.
Dicen que cada país tiene el gobierno que se merece o que se le parece. Creo que hay que corregir esa frase porque los argentinos merecemos un gobierno mucho peor que éste. Lo mismo dígase de los gobiernos provinciales y municipales.
Estos pequeños canallas que nos tiranizan son tigres de papel al lado de los feroces depredadores que nos mereceríamos. Un atento análisis de los contemporáneos y largos y variados intentos por entenderles en alguna tarea noble, basada en la buena doctrina, el coraje y la generosidad, es imposible.
Conclusiones:
1) Las buenas ideas han desaparecido, borradas del horizonte intelectual por los esfuerzos combinados de un clero herético o relajado o acomodaticio; una prensa agnóstica, igualitaria y extorsiva y una industria editorial (“industria” es, como la que fabrica clavos o zapatillas) y una ignorancia deliberada y placenteramente abrazada por estas “clases cultas” de pacotilla que tenemos.
2) Se ha hecho humo el coraje cívico, es decir, el coraje que se exige para luchar por la Patria. Habrá corajudos deportivos que escalan montañas o se tiran atados a un elástico desde un puente, o hacen acrobacia aérea o se lanzan en paracaídas. Los habrá, pero a esos mismos valentones les propone Ud. un pequeño riesgo por la Patria y se excusan con balbuceos despreciables.
Habrá militares que han jurado la bandera y que están dispuestos (¡quiero creer!) a defenderla en caso de que un ejército enemigo intente cruzar la frontera. Pero a esos mismos militares si Ud. les propone que arriesguen un 15% de su pensión de retiro, “se borran” sin tomarse el trabajo siquiera de excusarse. Simplemente desaparecen y todavía tienen el tupé de mandarme e-mails con exclamaciones ditirámbicas contra la corrupción, contra la injusticia de los jueces y otras quejas igualmente inofensivas.
3) Desapareció del mapa la verdadera amistad que se basa en la lealtad y el respeto recíprocos. Los “amigos” de ahora son dos o más individuos que usan a los otros como instrumentos para divertirse un rato, pero no los consideran ni los respetan ni están dispuestos a dejarse cortar una uña para ayudarlos en caso de necesidad.
Me impresionó mucho, a ese respecto, el triste final del pobre Horacio Zaratiegui. Poco antes de morir, él escribió una carta desgarradora a sus amigos explicando la situación en que estaba y hasta mandó un “curriculum vitae” a ver si alguien lo ayudaba a conseguir trabajo. Los “amigos” hicieron mutis por el foro y Zaratiegui se suicidó en un ataque de soledad. No le habían enseñado a acordarse de Dios y de Su Madre Misericordiosa, porque era liberal militante y poco simpatizante de las ideas católicas. Con amigos como esos no necesitamos enemigos…
Los amigos que nos quedan no son en realidad amigos porque si bien tenemos con ellos una buena relación y hasta puede ser que haya una pizca de afecto, no quieren darse cuenta que lo que más nos importa en esta vida es la defensa de los buenos principios y el triunfo de la Justicia. Este triunfo implica muchas cosas de inmensa importancia para alcanzar tanta felicidad como sea posible en este valle de lágrimas.
Los “amigos” creen que el amor profundo que sentimos por esas cosas sagradas son una especie de “hobby” que tenemos del que pueden prescindir en su relación con nosotros sin querer darse cuenta de que eso es la niña de nuestros ojos, el centro de nuestro corazón y el “sine qua non” de nuestra vida. Entonces lo ignoran y creen (?) que a pesar de eso seguimos siendo amigos. ¨
Pues bien, les notifico que no es así. No tengo otros amigos que quienes compartan el amor a la Causa. No espero que eso incluya una coincidencia en la elección de los medios, pero si incluye la decisión seria y generosa de encontrarlos deliberando juntos.
No conozco a nadie que reúna esas calidades. Luego, no tengo amigos.
4) Un substituto de la amistad que tal vez sería suficiente, dada la penuria en que se encuentra la Patria, podría ser el Partido (no digo la “logia” porque si bien una logia es el meollo de las Partidos de la “dirigencia” corrupta e inepta, no es necesario que un Partido sea el envoltorio de una logia).
El Partido es un grupo de ciudadanos que se proponen tomar el poder para aplicar un programa de gobierno del que todos los de partido participan. Esa comunidad de objetivos políticos crea entre los miembros del Partido una firme solidaridad que los lleva a ayudarse unos a otros y a apoyar las iniciativas de sus autoridades. La fuerza unitiva del Partido y lo que “motoriza” a sus integrantes es la lucha para alcanzar el gobierno y aplicar su programa en interés del bien común. La traición a esos ideales y a esa unión de personas es castigada por un Tribunal de Honor que sanciona a los infractores.
Pues bien, al cabo de esta lucha he comprobado que los únicos partidos que existen son el peronista, el radical, el centro y la izquierda. O sea, todos enemigos. No hay ni hubo ni habrá un Partido de personas de bien, de buenos patriotas que tengan esa solidaridad que tienen entre sí los delincuentes de los cuatro partidos que acabo de enumerar, solidaridad la cual no es tal sino complicidad. Todos ellos forman la “dirigencia” corrupta e inepta que está destruyendo nuestra Patria. En rigor, ya la han destruido porque este territorio y esta población no es ya la Argentina.
5) La convivencia social, mis encuentros con toda clase de personas que remotamente pudieran ser aliadas me han obligado a despojarme de toda ilusión sobre la gente. He comprobado en forma casi irrefutable que todas ellas fallan miserablemente por algún lado, sin voluntad alguna de corregirse y menos aún de ser corregidas.
Son así:
a) Algunos son amigos de vieja data, cuya convivencia es socialmente agradable. Coincidimos en todas las críticas a la situación general, pero jamás concretamos nada que pueda semejarse al esbozo de un comienzo de acción común.
b) Otros son amigos de vieja data también, cuya convivencia es socialmente agradable pero de política no se habla o cuando hablamos disienten en casi todo conmigo sin intentar siquiera refutar los argumentos que les doy en favor de mis juicios.
c) Otros son nuevos conocidos por medio de las diversas acciones publicas que he iniciado. Intento un acercamiento para pasar del papel a los hechos. Con algunos tenemos conversaciones que parecen marcar el inicio de una colaboración sería y organizada. Terminado el encuentro, los nuevos “aliados” se olvidan de lo tratado y la siguiente noticia que tengo de ellos es una nueva fruslería por Internet, la denuncia de un negociado más de los Kirchner, un chiste o una agresión personal.
¨Pretender que la Iglesia permanezca en las sacristías, que se haga la sorda, la ciega y la muda ante los problemas morales y humanos de nuestro tiempo, es quitar a Dios lo que es de Dios. «La tolerancia que sólo admite a Dios como opinión privada, pero que le niega el dominio público (…) no es tolerancia, sino hipocresía» (Benedicto XVI)¨. ¿Será cierto?
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