PSICOPATAS Y NEUROTICOS, EL MATRIMONIO DE LA ARGENTINIDAD
PSICOLOGIA Y ESTRATEGIA DEL OPTIMISMO
Siempre me llamó la atención el optimismo de los empresarios, de los políticos, de los periodistas, de los literatos, de los jóvenes “emergentes” (antes llamados “yuppies”), o sea, del “establishment” en su conjunto.
También sospeché siempre que ese optimsmo era y es un sistema. ¿Para qué? Para engañar a los incautos. Si el “pobre tipo” de la masa trabajadora, de cuello blanco o azul, ve a los exitosos del sistema tan optimistas cree que todo va bien, que si a él le va mal es porque él es precisamente eso: un “pobre tipo”. Y que si él consiguiese ser optimista, aún contra toda evidencia, aunque estuviera en el fondo del pozo en el que habitual e inevitablente está, saldría a flote como un corcho eyectado por la propia presión ascendente de la “coyuntura”.
Me acuerdo que en los tiempos de Martinez de Hoz había un conjunto de “yuppies” que lo rodeaban y que irradiaban optimismo. Es claro que para eso necesitaban “trucar” algunas estadísticas, como por ejemplo, el monto de las inversiones externas genuinas en empresas productivas, pero lo cierto es que sus sonrisas eran contagiosas y todos refulgían como profetas de la felicidad. Todo iba fenomenal. El progreso era inevitable. Poco les faltó decir lo que ahora dice un peronista: “La Argentina está condenada al éxito”. Frase más idiota que esa no he oído jamás.
También me acuerdo de los tiempos de Menehem, cuando se decía que el dólar valía un peso y que habia que sostenerlo porque sino valdría aún menos. El hecho de que en ningún país de la tierra aceptaran esa equivalencia era lo de menos. Estaba decretado que el dólar valía un peso y el optimismo del “establshment” lo sostenía a pies juntillas, al tiempo que compraba todos los dólares que podía a un peso para ponerlos a buen recaudo. Esos “jokers” ocultaban que para conseguir esa equivalencia la Argentina estaba siendo endeudada en forma colosal mediante créditos externos impagables pero que dejaban buenas comisiones a Cavallo y a sus amigos.
Lo que es increíble es que Cavallo está siendo nuevamente “resucitado” por “La Nación”. Hace dos días le hizo un reportaje laudatorio y amplio que puede leerse en la edición del 15/9/08 pag. 6. Esta desvergüenza del diario es sólo comparable con la del propio Cavallo, uno de los individuos más nefastos de la historia reciente del país.
Cavallo, con su sonrisa de hiena, encabezaba la cohorte de jóvenes rentados, comparsa del optimismo farandulesco que hundió al país aún más de lo que ya lo estaba. Esos jóvenes cobraban sueldos fabulosos apenas llegados de sus becas en el exterior, sólo para formar parte del elenco de los creadores de optimismo, vendedores de buzones y soberbios.
Desde que Kirchner usurpó el poder en el 2003 con el 17,8% de los votos y la complicidad de Menehem y Lopez Murphy que, uno después del otro, renunciaron inexplicablemente a competir en la segunda vuelta como mandaba la ley, veo la misma técnica del optimsimo artificial aplicada sin contacto alguno con la realidad. Descarados, farsantes y ladrones colaboran en el montaje mientras un pueblo de “no te metás” miran desde la platea y vive de subsidios o de juntar basura.
Este fenómeno del optimsmo sistemático no es únicamente argentino. Si miramos a los EEUU nos chocamos con la sonrisa entre burlona y bobalicona de Bush quien, en medio de la ruina y de las muertes por él provocadas, no deja de esperar que le canten el “for he is a jolly good fellow”. Todo va maravillosamente bien -dice a cada momento- mientras el deficit fiscal de los EEUU trepa como un cohete a la Luna y pesa como la bola de hierro de los presidiarios en los tobillos de los norteamericanos. Una gran parte de la causa de ese deficit es el costo de las guerras en Irak y en Afganistán, basadas en mentiras y en suposiciones gratuitas, pero que ya van costando miles de vidas perfectamente reales.
Si miramos a la Santa Iglesia Católica, única fuente de esperanza para una humanidad desconcertada, nos encontramos con la sonrisa del Papa Benedicto XVI y nadie sabe por qué sonríe cuando la fe se pierde día a día, el clero nada en un mar de herejía y el silencio ominoso de Dios cierra el cielo como una capa de plomo. La Cátedra de Pedro, que debía por mandato divino “confirmar a sus hermanos en la fe”, es cátedra de confusión o directamente de error.
Pero todos sonríen. “Sonríe: Dios te ama”, decía una propaganda del Banco Río hace 20 años. Más valdría haber dicho: “Llora: Dios tiene contados tus pecados y tus dias”.
Este optimismo parece una especie de conjuro que atrae los poderes subterráneos y hace prosperar las empresas de los optimistas que, dado lo engañoso de su optimismo, no son más que “raids” defraudatorios.
Entretanto, los prudentes. los precavidos, los juiciosos, los ahorristas que se contentan con una modesta tasa de interés para sus ahorros, quedaban y quedan como unos idiotas que no conocen las reglas del juego. Y perdían y pierden constantemente y, sobre todo, no prosperan, y su fracaso parece enviar constantemente al mundo el siguiente mensaje: “la honradez, la seriedad y la prudencia, no son un buen negocio”.
Contra toda lógica, el optimismo parecía y parece tener razón. “Audaces victoria juvat”, decían los antiguos” (la victoria ayuda a los audaces). Pero, ¿de donde salían y salen las ganancias de estos profesionales del optimismo artificial? De los bolsillos de sus admiradores timoratos, de los tontos de siempre, de los buenos padres de familia que se contentan con progresar de a poco.
De repente cae el rayo de la crisis. La realidad negativa golpea el tinglado de los optimistas y ¿qué ocurre? Los optimistas se convierten instantáneamente en pesimistas incosolables y los tontos de siempre liquidan sus inversiones minúsculas -que en conjunto son enormes- a precio de banana, con pérdidas del 90% o más, porque según sus augures mañana va a ser demasiado tarde. Entretanto los neo-pesimistas compran lo que venden los tontos y se quedan con todo, a la espera del “rebote” que ellos mismos provocarán y que los hará aún más ricos.
¿En qué escena de esta tragicomedia estamos ahora en la Argentina?
Según la usurpadora recauchatada que funge de Presidente estamos muy bien moentras el “primer mundo” se pincha como una burbuja. Aquí los optimistas todavía pueden seguir siéndolo porque me olvidaba de decir que esos optimistas son fundamentalmente un conjunto de estafadores. Ellos saben que el optimismo no tiene razón de ser; ellos lo fomentan porque saben que pueden sacar todavía una buena “tajada” del cadáver.
También me olvidaba de decir que los optimistas “corren con el caballo del comisario” pues saben anticipadamente lo que el gobierno decidirá y porque siempre les queda el recurso de resarcirse cobrando coimas o participando de las que cobran sus amigos del gobierno. Eso ocurre en todo el mundo, pero en la Argentina es lo único que ocurre.
Dr. Cosmín Beccar Varela
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